Siempre hay Palabras
Hoy, 20 de febrero de 2018, cumplo 20 años de edad... y hace unos años no me imaginaba que iba a llegar a este número que aún en este día siento que me queda bastante grande. Pero decidí escribir una carta a esa chiquita que alguna vez fui y que sigue viviendo en mi. También, a modo de estreno del nuevo diseño del blog, es una linda forma de "despedirme" de aquel pasado al que espero poder recordar con cariño.

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Querida Fedra:

Muchos pueden decir que no hemos vivido demasiadas experiencias, que no sentimos nada porque no salimos a boliches y nos emborrachamos. Pero vivimos más de lo que todo el mundo piensa.

Comenzaste la adolescencia en un lugar muy oscuro, llena de dudas y de incertidumbre, llena de inseguridades y de preguntas a las que no podías encontrar respuesta porque no sabías siquiera en dónde buscarlas. Sin embargo, aprendiste que no es tu trabajo encontrar esas justificaciones para todos los actos en la vida aunque, confieso, esas dudas sobre la injusticia, la infelicidad y el sufrimiento te siguen atacando por las noches, cuando las sábanas te resultan incómodas y el silencio de la casa te rodea.

¿Te acordás cuando en segundo año estábamos investigando por carreras en Buenos Aires? ¿O cuando soñabas estudiar una carrera distinta cada semana? O cuando pensabas que tus sueños no se iban a hacer realidad porque los considerabas inviables. Hoy, en mi cumpleaños número 20 (que es también el tuyo) te lo puedo decir: los sueños si se cumplen.

Pudiste encontrar la felicidad en personas que son tan diferentes a vos, pero con las que compartiste los momentos más importantes de tu vida. Aprendiste a respirar hondo y caminar hasta un escenario para bailar frente a tus familiares y tus compañeros y conociste esa sensación de satisfacción cuando todo salía mejor de lo que pensabas.

Tuviste que alcanzar los 20 años para poder aprender que una calificación no se convierte en un estigma, que no te define y que, principalmente, no anula todo lo que lograste anteriormente. No te hace peor persona o una mala alumna, lo que te hace mal es no saber perdonarte cuando te equivocás. Hoy en día seguís llorando cuando en un examen salís mal, especialmente cuando le ponés todo tu esfuerzo y no sale como esperabas, pero seguís llorando de felicidad cuando alcanzaste esa nota que te parecía imposible.

También lloraste de felicidad cuando nacieron esos dos bebés por los que darías la vida entera, a los que hoy podría mirar miles de horas sin aburrirte y a los que sé que vas a proteger en sus peores momentos, a esos nenes a los que no podés esperar a que te llamen "tía Fedra". También aprendiste a enseñar con amor y paciencia a ese chiquito que protegiste desde tu infancia, a ese sobrino que llegó a ser ese hermano menor que nunca pudiste tener, pero que lo sentís como tal.

Aprendiste a ignorar todos aquellos comentarios que te hacen sobre tu vida: sobre tu rostro, sobre tu peso, sobre tu alimentación, tus estudios, tus decisiones y, sobretodo, a ignorar a aquellas personas que sólo porque sos "chica", "joven" o "menor" creen conocer mejor que vos tu situación o tus sentimientos.

Ya no tenés miedo al cambio y a ver qué es lo que la vida te depara en el futuro, esa palabra que tanto miedo te causa y que te suele paralizar con sólo pensar en ella. Pero te diste cuenta de que la vida tiene mucho para ofrecer y mostrarte y, sobretodo, que no podés esperar a poder vivir todos los días para transitar el presente.

Conseguiste una familia que va más allá de la sangre: esas chicas que te van a acompañar y te van a alentar, que te comprenden (o al menos intentan respetar tus decisiones) y que te hicieron el aguante incluso cuando dejaron los uniformes y, cuando aquel rincón del colegio en el que solían reunirse, quedaron en el pasado.

También superaste aquel miedo de no volver a encontrar amigos en esa nueva etapa que hoy estás atravesando, la cual pudiste comprobar que puede ser complicada, pero que nada es imposible. Encontraste personas maravillosas que comparten tus mismos gustos, debates y muchísimas horas de estudios que, seguramente, van a valer la pena dentro y fuera de las paredes de las aulas.

Sin embargo, pudiste también conocer lo que son las malas personas, aquellas que no son lo que aparentan, que te robaron la felicidad y te arrancaron lágrimas que no deberías haber derramado, pero que al menos sirvieron para aprender esta lección. Aprendiste que si hay bien, hay mal. Pero que hay que aprender a observar para encontrar el bien y supongo que lo vas a seguir descubriendo en la vida.

Conociste lugares hermosos y encontraste la belleza que atraviesa una pantalla de celular y que es más bello en persona y que nadie te quita el sentimiento de poder oler la sal del mar, mojarte los pies o caminar por la playa mientras escuchás simplemente el silencio mientras no pensás en absolutamente nada.

Ya no te da pena decir "te quiero" y demostrarlo de todas las formas posibles: con un mensaje, con un abrazo o con un gesto y ahora decís tus sentimientos a aquellas personas que valen la pena: papá, mamá, la abuela, los tíos, tus hermanos, tus sobrinos, tus amigos e incluso a esa persona que vos sabés quién es.

En estos 20 años lograste e hiciste mucho, pero sobretodo sentiste. Y por eso vivís más de lo que muchos pueden llegar a vivir. Seguí sintiendo, ya sea miedo, alegría, tristeza, desesperación, adrenalina o emoción... seguí así, que vamos por buen camino y espero que vos y todas nuestras versiones, estén orgullosas de quién somos hoy. Siempre me van a acompañar.



***

Desde este espacio quiero agradecer a todos los que siempre apoyaron este proyecto, que ayudaron a que crezca y hoy, aunque no pueda dedicarle todo el tiempo que me gustaría, Siempre Hay Palabras se convirtió en mi espacio seguro, donde puedo hablar, comunicar y expresarme sobre los temas que me interesan. Hoy comienzo una nueva etapa en este blog y quería darle una imagen más propia, personal y con un poco más de calidad. También, agradecerle especialmente a mi gran amiga y fotógrafa Jocelyn (@sslybluee en Instagram) por las increíbles fotos. De verdad estoy muy orgullosa del resultado porque me costó horas de edición y de perfección, por lo que espero que les guste mucho también a ustedes el producto.
¡Nos estamos viendo en un próximo post!




Esta semana fue una muy dura para mi en el aspecto familiar. Lo fue en el sentido de que me dieron una tremenda cachetada de realidad que, supongo, todos recibimos tarde o temprano. Pero me fui dando cuenta, sobretodo en los últimos dos o tres años, que existen distintos tipos de "cachetadas de realidad".

En mi primer año de universidad recibí la cachetada de que nada iba a volver a ser como era; cuando intenté volver a querer a otra persona recibí la cachetada de que era la peor persona que me podía cruzar pero aparentaba ser lo contrario; cuando intenté dejar de querer a la persona que más amo recibí la cachetada de que no puedo dejar de amarle aunque lo intente con todas mis fuerzas.

Sin embargo, creo que la cachetada más fuerte que recibí hasta ahora fue la de esta semana: nadie está en este mundo para siempre.

***

Tuve la enorme suerte de poder disfrutar, a lo largo de toda mi vida, a la familia que me tocó. Me tocó un grande y ruidoso grupo de gente que forjó mi carácter, que cuando pienso en ella se me vienen a la mente los mejores recuerdos que iluminaron mi infancia. Pero esta semana tuve que ver al miembro de mi familia que más aprecio, mi abuelita, sufrir por dolor físico, por no poder comer lo que ella quisiera, llorar porque no tiene fuerzas para levantarse y necesita ayuda cuando es una persona que quiere hacer las cosas por sí misma.

Cada tanto recobraba su buen ánimo y humor que tanto la caracterizan y, si me siguen en mi cuenta de Twitter, pueden ver las cosas que llega a decir. Pero cuando ese dolor volvía, le daban ganas de directamente no hacer nada... y eso en ella es una mala señal. Me hizo dar cuenta que ella se está apagando de a poco que, dentro de quién sabe cuánto tiempo, yo no pueda estar ahí para tomar su mano mientras vemos la tele o verla decir "no me gusta" o que me escuche decirle "lela", "abu", "abue", "abuelita" o "Becha" y lo mismo con mi papá y todos sus hermanos que fueron el sostén más grande para ella, cuando se tuvo que quedar sola criándolos y sacó adelante todo ella sola. Ellos no saben cuándo va a ser la última vez que la puedan ver en esa casa en la que crecieron y que, cuando ella no esté, nada va a volver a ser lo mismo.

***

Por otro lado, está la hermana de mi abuela... esa mujer tan dulce que siempre huele a jazmines porque le encanta cortar sus flores para ponerlas en floreros, escuchar a su hijo tocar el piano, tomarse un té a las cinco de la tarde sin falta. Esa mujer tan dulce, con tantas ganas de vivir... se apagó. Y su enfermedad, la vejez propia y la soledad que la azotó después de perder a su alma gemela con la que compartió más de setenta años, le arrancó el alma. Ya no quiere beber, comer, ni siquiera quiere ir hasta su cocina y mirar por la ventana. A ella la quiero mucho, aunque no pueda verla porque no le gusta ya recibir visitas, a ella la aprecio porque es de las mujeres más inteligentes que conocí y que si me hubiera molestado en interesarme por ella desde más joven, a lo mejor me dolería mucho más que dentro de poco no pueda sorprenderme cuando está en la casa de mi abuelita y que me diga que se enorgullece de lo que hago, que siempre me escucha cuando estoy en la radio y que me siente con ella a comer las galletitas que compró en una pastelería junto esa casi adicción que compartimos: el café.

***

Anoche, luego de haber estado todo el día en casa de mi abuela (estaba animada porque el médico nos había dado buenas noticias después de toda una semana de mala racha), me senté con mi mamá en el patio de nuestra casa y también nos acompañó mi papá. Después de hablar de las cosas que habían pasado en el día, toqué el tema que odio tocar: su madre. De un día para el otro, su salud había desmejorado considerablemente y mi madre (a pesar de que tiene dos hermanos) era la única que se estaba haciendo cargo de todo, sumado a que ella vive a 50 kilómetros de nosotros, resulta bastante complicado todo. Me contó que le hicieron oficial la internación domiciliaria, que estaba con suero, que ya no puede vivir sola y que sus hermanos decían "sentirse cansados" y que "necesitaban urgentemente enfermeros" pero a todos los postulantes les encuentran un defecto y que no estaban dispuestos a pagar un grupo de ellos.

Fue entonces cuando le dije a mi mamá: "entonces sos alienígena porque entonces, ¿cómo podés manejar a tu madre vos sola sin que te ayude ni papá, ni nosotros (sus seis hijos) ni nadie?". Ella me contestó que reconoce que hace lo que está en su mano, pero que no puede obligar a su madre a mudarse con nadie o mudarse a una casa más chica, puesto que ella está acostumbrada a su zona de confort y tampoco disfruta de la compañía de otras personas por lo que le tiene fobia a los desconocidos. Pero se tiene que despedir de sus días de estar sola, porque ya no puede depender de sí misma.

Quiero aclarar que nunca tuve una buena relación con ella, ni con el resto de los hermanos de mi madre y jamás voy a poder entender de dónde le nace la paciencia para aguantar los malos tratos de su familia, que se hagan las víctimas o que dejen a mi mamá como responsable de todo, cuando ella tiene sus propias preocupaciones. Esa cachetada de "tenés que hacerte cargo de los últimos días de tus padres" me está pesando pero no porque quiera a mi "abuela" (lo digo entre comillas porque yo no la considero así ni por casualidad) sino porque a mi madre le está quitando la felicidad y le está generando discusiones innecesarias con gente que no debería venir al caso.

***

Todos estos hechos, todas estas situaciones aisladas se fueron compaginando adentro de mi mente, fueron haciendo en el silencio de los pasillos de la casa donde mis tíos vivieron su niñez y adolescencia, y ahora estoy escribiendo esto, en el cuarto que alguna vez fue de mi propio papá, donde tal vez alguna ocasión pensó lo mismo que yo en estos momentos. Tardé veinte años en darme cuenta de que mis recuerdos de la infancia no van a poder ser revividos, que mis tíos no van a poder volver a ser jóvenes para jugar conmigo, que mi padre ya no tiene la fuerza para alzarme y que mi madre ya no dispone de tanto tiempo para hacerme la comida casera con tanta frecuencia.

Sin embargo, esta cachetada de la realidad estaba enfrente mío todo el tiempo: cuando murió el papá de mi sobrino, cuando falleció mi tío abuelo, cuando falleció el papá de mi mamá, cuando mi papá no podía caminar y dependía de mi para todo. Lo que faltaba era que yo me parara de frente para recibir esos golpes de frente, para que cuando los momentos de despedirse para siempre lleguen, yo pueda ser fuerte. No por mí, sino por mi familia, porque lo mejor que puedo hacer es estar ahí para ellos cuando las cosas se compliquen.

En definitiva, tardé veinte años en darme cuenta que las personas no son para siempre, que no se quedan físicamente a nuestro lado para toda la vida, pero que siguen existiendo en tanto hayan dejado un conjunto de marcas que se convierten en la huella indeleble en el corazón y el recuerdo de la gente que te conocieron.

Gracias a estas cachetadas, estoy madurando, creciendo, aprendiendo, pero sobretodo estoy cambiando. Me faltaba también asimilar mi cambio. Y dentro de poco también se vienen otros que les resultarán más visibles.





Aclaración: este texto fue escrito originalmente en mi tablet el día Domingo 28 de Febrero de 2016).

El día de hoy quiero hablarles de algo que me ha estado pasando, algo que no había sentido desde hace algunos años, algo que estuve acumulando desde hace algún tiempo y no se los estuve diciendo por una cuestión de que pensaba que no era nada, que eran tonterías mías, entre otras cosas. Pero me pasa algo y creo que es correcto ser honesta con ustedes al respecto.
Cuando escribo en el blog siempre quiero transmitir energía, buena onda, alegría más que nada. Quiero que noten el entusiasmo que tengo, las ganas por leer, escribir, compartir lo que opino como ustedes. Como si quisiera estar con ustedes y que me sientan más cerca, por así decirlo.
Y, más que nada desde que comencé la facu, noté una impresionante traba a la hora de escribir, me encuentro en una especie de bloqueo lector que estoy sacando adelante de a poco, me siento poco motivada, las ideas no fluyen tan frecuentemente como antes y así sucesivamente. No estoy diciendo que me cansé del blog o que lo estoy abandonando. El blog no es el problema, soy yo.
El comienzo de una nueva etapa, ser mucho más independiente en mi vida, alcanzar un nuevo grado de madurez y de responsabilidad se me hace bastante difícil, son muchos cambios al mismo tiempo, sumado a que mucha gente que quiero muchísimo comienza una nueva etapa y siento que me están dejando un poco atrás y yo a ellos, al comenzar una nueva yo también.
Las personas crecen, el tiempo cambia las cosas y los vientos hacen que cambiemos de rumbo miles de veces en esta vida. A estas alturas, no sé en dónde estoy parada aunque así lo parezca, trato de descubrir algo en mi que no sabía que estaba y trato de seguir los pasos de un camino que siento borroso. La carrera que estoy estudiando, por el momento, me gusta mucho, estoy encantada. Estoy terminando los trabajos finales que espero aprobar para poder comenzar a cursar tranquila, entre otras cosas más.
Repito, muchos cambios me azotaron de repente y creo que lo que me hizo caer en la ficha de que no estoy tan bien como creía estar es de haberme enterado de algo que en serio hubiera preferido no saber.
Ustedes dirán "Fedra, los cambios no son la excusa de que estés mal". Hay días que si, siento que estoy siendo irracional, que me hago la cabeza y que me pongo mal por nada, pero esta vez siento que esta tristeza es diferente, esto que siento es similar a algo que sentí, pero al mismo tiempo es diferente.
En realidad, no tengo de qué quejarme: de momento me va bien en una carrera que me gusta, estoy sana, mi familia está sana y bien, mis amigos están viviendo bien y son felices. Entonces, ¿por qué yo no puedo serlo?
Muchas preguntas se vinieron a mi mente, muchas cosas me llevaron a plantearme y replantearme otras y me di cuenta de que me falta algo, pero no sé lo que es: si algo material, algo espiritual, pero sé que es algo. Y siento que es mi deber encontrar eso y hacerlo parte de mi vida para poder estar feliz. Siento que hay un vacío en mi y quiero solucionarlo, porque quedarme estancada no es la solución ni mucho menos. Ya estoy grande y no puedo esperar a que nadie venga a resolverme la vida.
No quiero dar por sentado que les doy las gracias nuevamente por entender las situaciones, las cosas nuevas y todo lo demás que está en el blog. Créanme que para mi también es complicado, pero quiero sacar a este blog y a esta familia que formamos entre todos de a poquito y de la manera más correcta y que más me haga feliz, de momento.
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(Lo siguiente fue escrito en el momento el día Viernes 4 de Marzo de 2016)

Bueno, como habrán visto, me enredé muchísimo en el momento que escribí eso. Estaba escuchando música, llorando y con el corazón hecho una pasa de uva. Estaba definitivamente muy conmovida.
Ahora, en este momento que estoy escribiendo esto, estoy un poco mejor. Decidí tomarme las cosas con calma y no dejar que la tristeza o el malestar o el enojo me ganen, porque sé que yo no soy así. Quiero verle el lado luminoso a la vida y quiero seguir adelante en la vida.
Como dije anteriormente, no tengo nada de que quejarme y me di cuenta de eso. Releer aquel texto me hizo darme cuenta de las cosas buenas que tengo que ver en mi existencia: ustedes, mi familia y mis amigos son los que me hacen feliz. Son los que me hacen quien soy y no voy a dejar de quererlos nunca en la vida.
Estar bien está buenísimo, pero llega un momento en el que no nos damos cuenta de lo felices que somos, hasta que llega algo que nos da vuelta la vida y nos hace sentir medio mal. De vez en cuando, estar mal está bien. Porque después, con cada caída, aprendemos a aprovechar la felicidad a cada instante.
Si están en una situación similar de tristeza, de soledad o lo que fuere, quiero que sepan que no están solos en este mundo: siempre hay alguien que va a estar para nosotros. No tienen que ser fuertes o estar felices todo el tiempo, porque somos humanos y no sentir es imposible. Seamos resilientes, aprendamos de los dolores que la vida nos trae y tratemos de sacarle algo bueno.
Les agradezco una vez más por leer y espero que nos veamos muy pronto :)

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Sobre mí


Fedra. 20 años. 
Estudio Comunicación Social.
A veces se me da por escribir.

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Contacto: fedra.venturini@gmail.com

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