Siempre hay Palabras


¡¡Muy buen domingo para todos!! ¿Cómo andan? ¿Cómo los trata el calor? Acá en Entre Ríos hace un calor tremendo pero al menos lo combato con siestas, tererés y duchas frías, pero en fin... llegó un momento del año donde me gustaría resumir en cierto modo fue el segundo año de esta odisea universitaria que (no puedo creer) está a la mitad de camino. Así que, sin más dilaciones, vamos a comenzar.

***

Este año académico comenzó con un error que me hizo abrir mucho los ojos respecto de cómo elijo vivir la misma experiencia universitaria, qué caminos quiero tomar y qué caminos no quiero tomar tanto como profesional como persona. Paso a explicar:

En mi carrera, tenemos 4 especializaciones opcionales: Audio, Gráfica, Imagen y Redacción. Después de haber rendido mi última materia de 1° año (por cuarta vez) que fue la misma Redacción I, estaba muy en duda si especializarme en eso. Además, había escuchado muchas experiencias no gratas de ex-alumnos y mismos alumnos que estaban cursando actualmente la especialización.

Duré sólo un mes en la especialización... simplemente no pude. La sensación era de competitividad constante, nos hacía competir entre nosotros como compañeros y había un constante sentimiento de estar bajo presión que no era nada agradable. Además, el profesor tenía muchas actitudes despectivas especialmente por el lugar de procedencia y no te aceptaba trabajos que a él no le gustasen por distintos motivos. Por otra parte, la cátedra se encuentra muy desactualizada en cuestión de contenidos, simplemente dan crónicas y noticias policiales y todas tienen los mismos factores comunes, pero siempre hay algo que al mismo profesor no le va a gustar. El sistema de clases también es muy arcaico, como si estuviéramos en 1950. Me di cuenta que me gusta escribir, que me encanta, que lo disfruto y que me libera... pero que no considero enriquecedor bajo ningún concepto escribir para este profesor.

Estaba bastante miedosa de dejar la materia porque no quería perder un año entero (todos los talleres de especialización son anuales), hasta que me crucé con Bruno, mi compañero de clases de inglés. Un día, él me vio bastante bajoneada por esta situación y me dijo "yo voy al taller de Gráfica... ¿por qué no te venís conmigo a la clase a ver si te gusta?" me contó un poco de las cosas que hacían en el taller y de que no pasaba nada si empezaba un mes tarde, que la cátedra era muy comprensiva y solía tener en cuenta casos como el mío.

Me adentré muchísimo en el mundillo del diseño gráfico, el diseño web, el diseño de portadas, de personajes... disfrutaba mucho que me dieran libertad para trabajar y que me disciplinaran, pero que me dejaran poner un sello a cada trabajo. Al principio, cuando comenté a mis padres el cambio de materia, no estaban muy convencidos pero ellos mismos me habían visto pasarla verdaderamente mal a la hora de estudiar o hacer trabajos prácticos para Redacción. Pero fueron incluso interesándose por lo que iba haciendo en el taller y pudieron ver que el diseño requiere de un proceso arduo de pensamiento, de hacer, de rehacer, de corregir, de buscar y de inspirarse mucho.

A pesar de que me incorporé última, me sentí re bienvenida por la gente de la cátedra y mis compañeros me integraron y se formó un lindo grupo. En la muestra de fin de año, fue lindo que la gente que quiero se acercara a ver mi trabajo, que me feliciten e incluso que me digan mis propios compañeros "me alegra que en gráfica te hayas encontrado, te vemos más contenta acá". (de hecho, algunas de las imágenes que les dejo son de algunos de mis trabajos prácticos).


Este segundo año me sirvió también para darme cuenta de cómo otras disciplinas (como la semiótica o la psicología) colaboran para entender y desarrollar un mejor manejo de la comunicación, lo importante es que te abran la cabeza con una buena base teórica para comprender el mundo de las subjetividades. Por otro lado, me hizo dar cuenta de lo importante que es la base práctica para un comunicador y, ya me pasé un largo tiempo pensándomelo, decidí de momento hacer hasta la Tecnicatura en Comunicación Social (cuyo tercer y último año voy a estar cursando el año que viene) y después pasar a hacer 3 años de periodismo, en un instituto que ya escuché mil recomendaciones que tiene una base práctica más fuerte y que (por suerte) podría terminar más rápido ya que me homologarían la mayor parte de materias teóricas que cursé (y voy a cursar) en mi universidad actual. 

En el lado de los estudios fue un año complicado, fue un desafío que pude superar con muy buenos resultados. Superé incluso expectativas propias y hace dar cuenta que todos los sacrificios valen la pena cuando está la pasión por lo que uno hace de por medio. Lo que me queda pendiente para el año próximo (y que ya podría ir anotando en los propósitos del 2018) es manejar mi ansiedad, que este año me jugó en contra como nunca antes y me hizo terminar en urgencias 3 veces por picos de estrés y fue impresionante cómo eso afectó a mi estado de salud que por suerte ya me estoy cuidando más y recuperando esa vitalidad que un poco me quitó tanto estrés.

Además, como ya estoy en cierto modo ejerciendo el periodismo al hacer de prensa, radio y ahora en la sección de edición de una revista cultural, voy sumando experiencias al currículum que espero poder seguir agrandando, además de que los trabajos que voy teniendo me permitieron conocer gente muy copada, muy linda con la que disfruto trabajar y pasar el tiempo no sólo en lo laboral. Estoy colaborando en radio Vorterix y LT14 ambos lugares compuestos por grupos humanos tremendos y que me dan oportunidades impresionantes

Estoy muy contenta con este segundo año, fue interiorizarme en el campo de la comunicación para entenderla, para poder practicarla e incluso para analizar más de una vez todo a mi alrededor (les juro por Dios, que ando analizando hasta recetas de cocina) y gracias al cielo ya tengo la mitad de segundo en la bolsa, me falta la segunda mitad por rendir, pero ya tengo la tranquilidad de poder cursar tercero.


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Pero bueno... ¡Esto fue todo! Espero que no les haya aburrido este descargo tremendo que les acabo de hacer (igual si les soy honesta, no puedo creer la cantidad de cosas que hice en un año). Quiero que sepan que todo se puede, que no se llega a cualquier lado sin ir y atravesar un camino. Ninguna carrera es fácil pero vale la pena cuando es lo que queremos hacer en el futuro.
Muchas gracias por estar un día más del otro lado y nos estamos viendo muy pronto en otro post. 



¡Muy buen sábado para todos! ¿Cómo les va? ¿Cómo los trata el verano de momento? Yo no puedo estar más contenta por estos días tan lindos que están haciendo, con un calorcito lindo que se puede disfrutar y con un aire precioso. Sin embargo, aunque me encantaría poder seguir hablándoles de lo lindo que está el día, voy a dar comienzo a una nueva sección en el blog que, a partir de hoy, van a poder encontrar en la pestaña de "más sobre mí".
Esto de los "Story Time" se hicieron muy populares con esto de contar experiencias cotidianas pero que contenían algo gracioso o con alguna que otra moraleja. Hoy les voy a contar del día que casi me operan. LET'S GO.





Aclaraciones: 

1- Lo que van a leer lo escribí la noche de todo lo que pasó, después de que sucediera toda esa locura. 
2- Soy muy exagerada, así que les aviso desde ya que se pueden reír de mi... o conmigo, como gusten. 

***

¿Nunca les pasó eso de que se despiertan y tienen la sensación de que no va a ser un día común? Eso me pasó hoy: el día que casi me operan.
El jueves por la tarde/noche, estaba viendo una peli tranquila en mi casa, cuando de repente sentí una molestia en la parte inferior derecha de mi abdomen. Cabe aclarar, no era la primera vez que me pasaba, así que no me preocupé... el tema fue cuando me comenzó a dar punzadas y ya de molestia pasó a ser un dolor que más o menos manejaba pero que, a fin de cuentas, me jodía mucho.
Le conté a mi mamá y (lo que se hereda no se roba) comenzó a flashear que tenía alta apendicitis. Me preguntó cómo estaba, si tenía fiebre, se fijó en cada movimiento que hacía y comenzó a verme de arriba a abajo a ver si tenía algún cambio notorio. La convencí de que no era apendicitis porque estaba segura de eso (el dolor del apendicitis es de esos que preferís morir antes que seguir sientiendo) y llegamos a un acuerdo: si para el día siguiente me seguía doliendo, íbamos al médico.
Por la noche, dormí bárbaro, desperté bárbaro y todo fantástico y pensé "Joya, sabía que no era nada, todo por ser una exagerada"... Ese pensamiento desapareció cuando me levanté y lo sentí de nuevo: ese dolor, pero ahora sumado a una sensación de presión en la zona... no hace falta decirles las puteadas que largué porque sino me echan del país.
Bajé, le dije a mi mamá y le mandó un mensaje a un ex-compañero del secundario de ella que es un médico que todo el mundo recomienda en Paraná y es muy macanudo y dijo "que venga, no hay problema". Al mediodía fuimos al consultorio con mi mamá (rezándole a todos los santos habidos y por haber). Me atendieron al toque, me revisó el doctor, me hizo las preguntas de rigor y, a la hora de dar un diagnóstico, dijo: "noto una hinchazón que no es común en la zona donde tu hija siente molestia. Apendicitis no es, pero puede ser otra cosa relacionada con los ovarios. Te voy a hacer una orden para que vayas al bioquímico ahora y te hagas un hemograma y después vas a este médico que es un cirujano que recomiendo y que te va a decir más claro las cosas y que te puede operar si se da el caso". 

***

Díganme exagerada y todo lo que quieran, pero cuando dijo la palabra "cirujano" pensé: primero en mis viejos y el cansancio que iban a tener que sobrellevar por culpa de mi salud, que ya en estos días habían laburado un montón y estaban fisurados del cansancio. Después pensé "¿por qué ahora?" y, saliendo de la consulta y yendo para el bioquímico estaba al borde de llorar (repito: soy una exagerada) con miles de cosas pasando por mi cabeza.
Voy a decirlo: el bueno del doctor dijo "hemograma" y cuando estaba en la sala de espera para hacerme el estudio, me enteré que era sacarme sangre (nunca en mi puta vida me tuve que sacar sangre y SI, SOY TAN MENSA DE NO DARME CUENTA QUE UN HEMOGRAMA ES SACARSE SANGRE, PERDÓN) me puse nerviosa, estaba que salía corriendo de ahí y mi vieja (muerta de la risa la muy comprensiva) me explicó cómo era todo y llegó mi turno para atenderme. Nunca había pensado en tan repetidas veces "MIERDA, PARA QUE VINE". Y todos los que estaban ahí en el laboratorio estaban en el piso de tanto reírse de mi. 
Les digo que me hice la cabeza al divino botón porque no fue nada y no sentí ni el pinchazo de la aguja porque la bioquímica era una capa, hizo lo que tenía que hacer en menos de dos segundos.

Volvimos a casa con mi mamá, riéndonos de la situación. Mi papá que se ofreció al toque para ir a la obra social y sacarme la orden para el cirujano y yo, mientras, me iba a quedar A TOMAR UN CALDO CUANDO HABÍA EMPANADAS Y YO NO PODÍA COMERLAS, ESO ERA UN INSULTO. 
Casualmente, el cirujano tenía un consultorio a la vuelta de la casa de mi abuelita así que me llevaron a su casa así no me tomaba tragaba el viaje de 45 minutos en colectivo cuando, desde el auto de mi viejo, llegaba en 15 minutos. Me llevé lo necesario, fui a lo de mi abu, tomé teres, comí ensalada de frutas, jodí con mi prima y mi tía, les comenté la situación a mis amigos más cercanos (fueron un amor todos) y entre medio vi los resultados de la sangre (esta tecnología que te deja ver tus resultados por internet): se los mostré a mi tía, que tiene mucha experiencia en estas cosas,  y dijo:
- Tenés glóbulos blancos de más.
- Ajá, ¿y eso qué significa?- pregunté yo.
- Hay una infección.- fue su respuesta, mientras se sacaba los lentes y me devolvía el celular.
... No hace falta que les escriba acá todas las malas palabras que dije, ¿no?
Le mandé una captura a mi mamá y, para confirmarlo, la mandó a este médico que efectivamente lo dijo: era una infección y ya era la hora de irme al médico.

Mi viejo llegó, me acompañó y entró a la consulta conmigo. Uno no se da cuenta de qué tan chiquita es su ciudad hasta que lo experimenta en carne propia... lo digo porque el médico que me atendió era el médico de la niñez de mi papá y de todos mis tíos y tías. Fue un macanudo y, gracias a Dios, me dijo que no me preocupara, que hiciera vida normal, que comiera lo que quisiera (menos mal) pero que me haga una ecografía a la brevedad para saber específicamente qué tengo: si una inflamación intestinal o algún tema en mis ovarios.
De ese viernes me llevé la misma enseñanza que me llevo de vez en cuando: la vida te da la vuelta entera en menos de 12 horas. Un minuto estás desayunando y al otro están diciéndote que te pueden llegar a operar.
También me di cuenta de lo grosa que es mi familia y mis amigos: se preocuparon, me acompañaron y me la hicieron más leve y llevadera físicamente o estando desde el celular

¿Me dejó de molestar el abdomen? Tanto el dolor con la intensidad varían dependiendo de los días, pero puedo vivir con eso.
¿Sigo teniendo miedo? No tanto como antes, ahora sé que esto es algo que no tengo por qué atravesarlo sola.
¿Qué pasó con la ecografía? Acá me re jodieron porque hice 5 HORAS DE AYUNO y el ecógrafo me dijo que no tengo nada.

¿Conclusión? No sabemos qué pasa... de momento.


Pero bueno... ¡¡Esto fue todo!! Espero que les haya gustado esta nueva entrada de esta nueva sección y me digan en los comentarios su experiencia médica más loca o si tuvieron una experiencia similar a esta o lo que más quieran, ¡me encantaría poder leer diferentes vivencias!
Muchísimas gracias por leer una vez más el blog y nos estamos viendo en la próxima :)

¡¡Feliz martes para todos!! ¿Cómo van manejando el frío? ¿Ya están de fin de trimestre o en época de parciales? Espero que le metan toda la pila a esta época que es siempre desesperante pero que, al fin y al cabo, superamos independientemente de los resultados.
El día de hoy les quería compartir la experiencia de mi primer parcial, más desde el punto de vista de una ingresante y esas cosas. Sin más dilaciones... LET'S GO.


Creo firmemente que una evaluación, sea de la materia que sea, comienza desde mucho antes de que el profesor te da la fotocopia con las preguntas cuyas respuestas deberías saberte. Una evaluación, un parcial o como lo quieras llamar, comienza desde el mismísimo momento en el que el profesor anuncia la fecha estipulada y los temas que van a tomar. Ese preciso momento es en el que todos sentimos siempre un escalofrío y decimos "NO. ESTO NO ME ESTÁ PASANDO A MI". La primera fecha de examen es la que inaugura la que yo llamo "Temporada de exámenes" (leer con voz de Bugs Bunny).
Materia: Conocimiento de la Realidad Sociopolítica (si, alto nombre. Pudieron ponerle "Historia Argentina" tranquilamente pero creo que los profesores querían ponerle un nombre sofisticado).
Fecha: Viernes 6 de Mayo de 2016 a las 18:00
Temas: Los tres modelos de acumulación capitalista+Perón+Última dictadura cívico-militar.
Tenía tres semanas para estudiar. Tres semanas para demostrarme que sí podía con este desafío.
Si hay algo de lo que siempre me he enorgullecido es de mi capacidad de hacer resúmenes y, si no me creen, pregunten a mis compañeros de secundario que me han admitido en más de una ocasión que los ha salvado de desaprobar la evaluación, el trimestre e incluso el año. Esta no fue la excepción, los resúmenes me fueron quitados varias veces de las manos por mis compañeros para ser fotocopiados, copiados a mano y también agregaban alguna que otra anotación al margen de algo que consideraban importante. En síntesis, "el resumen del pueblo".
¿Cómo hice para estudiar 103 años (sí, los conté) de Historia Argentina? Apliqué mi método personal: Levantarme todos los días antes del parcial santo bien temprano, hacerme una taza de café con leche que me alcanzase hasta mínimo las 10 de la mañana, cerrar todas las puertas y ventanas habidas y por haber, dejar el celular bien lejos de mi alcance e ir caminando por el living y el comedor, a veces saltando, leyendo, releyendo, interpretando y festejando cuando dejaba una hoja aprendida sobre la mesa. Cuando terminé de estudiar todo, sorprendentemente una semana antes, me ponía a repasar de vez en cuando o veía un documental en relación a los temas del parcial para ir refrescando la memoria y tener en cuenta todos los detalles.
El día del parcial decidí pasar el día fuera de casa. Tomé todo lo necesario (resúmenes incluidos por supuesto) y marché hacia... mi colegio secundario. ¿Por qué? Ese día fue el tan ansiado y tradicional bautismo de las tribus. Una fiesta escolar que todos festejábamos. Cuando vi a un profesor que me abrazó me preguntó cómo estaba y dije, sin pensarlo dos veces, "es lindo volver a casa". La pasé de lo mejor con mis amigos, reencontrarme con ex-compañeros, cantar las canciones de mi tribu, renovar una alegría distinta. De algún modo, se me renovaron las energías.
Todo terminó al mediodía y después de irme al comedor de la facultad (se pusieron la 10 y sirvieron milanesas) marché a la facultad a esperar pacientemente, repasando, hablando con amigos por whatsapp que me daban fuerzas o me distraían para no ponerme nerviosa... Todo hasta que llegó el momento. Un dato importante a destacar es que siempre llevo para un examen importante elementos que considero indispensables a la hora de rendir: mi dije de la Virgen de Luján que me dieron cuando egresé, mi primera remera de tribu con la que gané mi primer tricampeonato, las pulseras que usaba en el secundario para los horribles exámenes de química y la campera de 6to con la que aprobé el final de matemática y del instituto de inglés.
Comenzó el parcial y ahí el reloj se detuvo por completo y nada existía sino el banco, mi birome, mis hojas, mi cerebro y yo. Escribí como si me fuera la vida en ello. Escribía, escribía, escribía, tanto que al terminar se me acalambró la mano. No me pasaba eso desde aquel final de Ecología del año pasado. Me sumergí por completo en el examen y eso es buena señal: significa que todo va a ir bien. Entregué, salí del aula y pude respirar con tranquilidad por primera vez en tres semanas. Había terminado y sólo quedaba esperar, ¿cuánto? Eso todavía no lo sabía.
Para las 21:00 había llegado a casa, con un dolor de cintura que parecía que me iba a morir del dolor en cualquier momento y casi me desmayé. A nadie le extrañó que me pasara eso. Mi mamá, cuando me dio un remedio para el dolor que tenía por todo el cuerpo me dijo, muy seria, "te pasaste de revoluciones, tenías mucho estrés acumulado". Sabía que tenía razón cuando ella me decía que le pasaba lo mismo en sus años de universidad. Esa noche, en la que esperaba descansar, no pude pegar ojo.
Al final, fueron solamente diez días en que los profesores nos tuvieron en suspenso. Un profesor publicó en el grupo de Facebook de la asignatura que nuestras notas se encontraban disponibles en el blog de la materia. Fue un momento de ansiedad impresionante: apagué la tele para tener silencio y, a lo mejor, agregarle tensión al momento. La lista con los nombres, como siempre, el mío entre los últimos. No me atrevía a ver. "APROBADO" decía. "VAMOS LOCO TODAVÍA" pude gritar y no pude evitar que se me escaparan unas cuantas lágrimas de felicidad. Ahí fue cuando de verdad sentí que la evaluación había terminado.

En fin... ¡¡Esto fue todo!! Espero que les haya divertido leer mi experiencia, creo no haberme olvidado de nada de todo lo que viví... Pero igualmente me encantaría que en los comentarios me contasen sus experiencias con evaluaciones ya sean parciales, finales, del secundario, de la facultad, de la primaria, de lo que ustedes quieran :D No se olviden de que nos vemos muy pronto en una nueva entrada, ¡muchas gracias por seguir un día más en el blog!

¡¡Hola a todos!! Hoy vengo con una entrada que les prometí desde que comencé esta sección del blog: un viaje inesperado. Un viaje que, con suerte, va a durar 5 años. Les voy a hablar, desde mi punto de vista, mi primer mes de universidad. Qué sentí, qué trabajé, cómo hice para rendir los trabajos finales, etcétera. Sin más dilaciones... LET'S GO.


Para los que no recuerden, me encuentro estudiando Comunicación Social y comencé el primer día con unos cuantos tweets expresando el miedo y la ansiedad que tenía en su momento, aquel 10 de febrero, comenzó la aventura. A las 15:00 en punto nos hicieron pasar al auditorio de la universidad para darnos la bienvenida por parte de la Decana, los coordinadores de carrera, algunos profesores, etcétera. Luego, tuvimos nuestra primera clase, Métodos y Técnicas del Trabajo Intelectual. Me hizo bien tener, en la distancia, el celular de mi papá (el mío había muerto después de mis vacaciones en Puerto Madryn) para llamar a mi mamá (si, así de maricona soy, no me juzguen) en los recreos. Estaba muy cohibida, por así decirlo. Literalmente, me hice una bolita y no interactué de ningún modo con nadie. Esto fue solamente la primera semana, donde a partir de ahí entablé una amistad con dos chicas muy amigables y simpáticas, Laura y Mica que, si me siguen en Instagram, podrán ver que subí algunas fotos con ellas.
Las clases eran en su totalidad todas interesantes y no podía dejar de pensar en mi escuela, en lo que dejé atrás, en todos mis profesores. Hasta en una clase, en la que estábamos leyendo de manera silenciosa un texto que me resultaba familiar a un tema del secundaria, exclamé el nombre de una profesora que quiero mucho y que está en mi vieja escuela. Si xD la vergüenza del año.
Me di cuenta que en el ingreso y la universidad en general nadie me mueve para que las cosas sucedan, sino que yo debo moverme para poder avanzar. En cierto modo, como un tiburón, si no nadan hacia adelante, se mueren.
Comenzó la época de los trabajos finales. Para uno de ellos, tuve que entrevistar a alguien que conocía, pero que me gustaría conocer un poco más. Como todas mis amigas estaban en la suya con sus respectivas carreras, tuve que encontrarme con cierta personita... esa persona es Esteban, que me hizo aprobar con una buena nota, gracias a Dios.
El resto de los trabajos finales eran escritos, que resumían los temas y ejes dados en las clases de las otras tres materias. Fue un trabajo difícil. Era estar en la facultad desde las 8 de la mañana hasta las 20 horas, entre clases, trabajar, leer, releer, redactar, citar y darnos algún que otro quebradero de cabeza. En esta semana que acaba de terminar, fueron las entregas de aquellos trabajos y en los días jueves y viernes los coloquios de dos de esas materias. Tengo el agrado, y el orgullo, de decir que aprobé todas las materias del ingreso, sin dejar ninguna pendiente.
No lo hice sola, tuve gente que me ayudó, la mamá de Esteban, los chicos del centro de estudiantes de mi facu que hicieron un grupo de estudio para ayudarnos, mi papá ayudándome a comprender algunos textos y, cuando creía que todo estaba perdido, mucha gente me dio ánimos a seguir adelante para no tirar la toalla.
Mi ingreso terminó ayer y con mucha alegría. Da la casualidad que ayer fui a visitar a ese secundario y a esas personas que dejé atrás. Fue como volver a casa, después de un largo viaje. O, desde la experiencia de Bilbo, volver a mi agujero-hobbit después de una aventura que incluyera un dragón. Todos me dieron una inyección de energía positiva para seguir adelante, para demostrarme que se puede volver al pasado de vez en cuando con los buenos recuerdos.
Definitivamente, mi carrera me gusta y espero de verdad poder seguir adelante y sé que puedo. En unos años, quién sabe, tengamos entre nosotros a una Comunicadora Social.
Espero que sigamos con este viaje inesperado y que me digan si están atravesando algo similar.

Bueno... ¡¡esto fue todo!! Espero que les haya gustado esta entrada y les haya gustado leer mi experiencia con la facultad, en este primer acercamiento. Obviamente, repito, me encantaría saber en los comentarios o en las redes sociales si están pasando por la facultad, comenzándola, en medio de ella, terminándola o con la idea de comenzarla en un futuro cercano. ¡¡Todas las opiniones son válidas!!
Gracias por estar un día más ahí y nos vemos muy pronto.

Hace un minuto y medio o más, acabo de inscribir mi pre-inscripción online para la facultad... y me siento rara, sin mentirles.
¿Cómo es que pasé desde el principio de año preguntándome si iba a terminar con 40 años y aún iba a seguir teniendo problemas vocacionales a esta instancia en que ya tengo medianamente decidido el futuro?
Esta es una decisión importante, sea errada o acertada y acabo de darme cuenta de la magnitud que tiene todo esto. Di un paso en falso a un futuro que es absolutamente incierto, del que no sé qué esperar.
Me di cuenta en los meses de terminar el secundario que era fácil porque me daban la ventaja de no tener que tomar decisiones: no enrollarme la cabeza con qué ropa usar, cómo peinarme, a qué hora entrar, salir, qué materias tomar... todo está arreglado y el único trabajo que tenés que hacer es acomodarte al horario, ir a clases toda la mañana, a lo mejor quedarte a comer para educación física, estudiar, hacer las tareas, rendir tus exámenes y problema resuelto.
En la secundaria hay una contención y una familia que en la facultad creo que no se siente, aunque no sé si pienso esto porque no experimenté esta etapa que ya va a venir. En la secundaria me siento protegida, donde mi único problema de verdad es "uy, me olvidé la calculadora para el exámen de matemática del tercer módulo", "ojalá falte la profesora de química", entre otras cosas. Dentro de esas cuatro paredes, están mis personas favoritas: los preceptores que son como amigos, los profesores que te matan de la risa, mis amigos que son la salvación de las mañanas aburridas y esas aventuras que después hacen inolvidables a la adolescencia.
Ahora, ¿a qué le tengo miedo? Ese mundo idílico se me derrumba al tener al futuro cada vez más cerca. Y si, tengo miedo a algo desconocido, o a lo mejor a muchas cosas juntas: ¿y si no me gusta la carrera? ¿Y si no soy tan buena como pensé que iba a ser en esta carrera? ¿Qué va a pasar con la amistad y la relación tan cercana que formé con todas aquellas personas?
Nunca pensé que mi vida iba a llegar a este punto. Antes, cuando empecé la secundaria, estaba desesperada por recibirme, quería que todo pasara volando... y se está pasando volando. Es muy difícil despedirme de todo lo que conozco y de la vida a la que me acostumbré a tener.
Va a ser raro al principio no tener que pensar en la remera de mi tribu del año que viene, o en qué deportes voy a estar o qué voy a tener que estudiar para la competencia cultural... En el fondo, no me daba cuenta que hacer todo esto me llenaba muchísimo. Y sé que lo voy a vivir, pero no del mismo modo que siendo una alumna como lo soy ahora.
En una película alguien dijo "esto es lo más jóvenes que vamos a ser ahora". Y ahora entiendo el por qué lo decía.
Muchos esperan toda la secundaria sólo para terminar y seguir lo que les gusta porque la secundaria era el infierno sobre la Tierra (no tan exagerado, pero estaba cerca) y los entiendo porque pasé la situación de ir a un secundario donde me sentía miserable y lloraba todas las mañanas porque tenía que ir a ese lugar. Pero al cambiarme, supe que iba a quedarme, pero no me di cuenta que me encariñé y ahora no sé si va a ser bueno o malo a la hora de despedirme. Pero fue lo mejor que pude hacer: me abrí, conocí gente nueva, viví experiencias nuevas, expandí mi mente y supe vivir la etapa a mi modo y acompañada de la mejor gente que pude tener. Obviamente, tuve momentos malos en los que quería tirar todo, pero terminé aprendiendo de todo con las experiencias malas.
En conclusión... ¿a qué le tengo miedo? ¿A lo desconocido? ¿A algo nuevo?... Creo que eso es algo que voy a tener que ver cuando comience esta etapa nueva.


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Sobre mí


Fedra. 20 años. 
Estudio Comunicación Social.
A veces se me da por escribir.

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Contacto: fedra.venturini@gmail.com

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