Siempre hay Palabras
Esta semana fue una muy dura para mi en el aspecto familiar. Lo fue en el sentido de que me dieron una tremenda cachetada de realidad que, supongo, todos recibimos tarde o temprano. Pero me fui dando cuenta, sobretodo en los últimos dos o tres años, que existen distintos tipos de "cachetadas de realidad".

En mi primer año de universidad recibí la cachetada de que nada iba a volver a ser como era; cuando intenté volver a querer a otra persona recibí la cachetada de que era la peor persona que me podía cruzar pero aparentaba ser lo contrario; cuando intenté dejar de querer a la persona que más amo recibí la cachetada de que no puedo dejar de amarle aunque lo intente con todas mis fuerzas.

Sin embargo, creo que la cachetada más fuerte que recibí hasta ahora fue la de esta semana: nadie está en este mundo para siempre.

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Tuve la enorme suerte de poder disfrutar, a lo largo de toda mi vida, a la familia que me tocó. Me tocó un grande y ruidoso grupo de gente que forjó mi carácter, que cuando pienso en ella se me vienen a la mente los mejores recuerdos que iluminaron mi infancia. Pero esta semana tuve que ver al miembro de mi familia que más aprecio, mi abuelita, sufrir por dolor físico, por no poder comer lo que ella quisiera, llorar porque no tiene fuerzas para levantarse y necesita ayuda cuando es una persona que quiere hacer las cosas por sí misma.

Cada tanto recobraba su buen ánimo y humor que tanto la caracterizan y, si me siguen en mi cuenta de Twitter, pueden ver las cosas que llega a decir. Pero cuando ese dolor volvía, le daban ganas de directamente no hacer nada... y eso en ella es una mala señal. Me hizo dar cuenta que ella se está apagando de a poco que, dentro de quién sabe cuánto tiempo, yo no pueda estar ahí para tomar su mano mientras vemos la tele o verla decir "no me gusta" o que me escuche decirle "lela", "abu", "abue", "abuelita" o "Becha" y lo mismo con mi papá y todos sus hermanos que fueron el sostén más grande para ella, cuando se tuvo que quedar sola criándolos y sacó adelante todo ella sola. Ellos no saben cuándo va a ser la última vez que la puedan ver en esa casa en la que crecieron y que, cuando ella no esté, nada va a volver a ser lo mismo.

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Por otro lado, está la hermana de mi abuela... esa mujer tan dulce que siempre huele a jazmines porque le encanta cortar sus flores para ponerlas en floreros, escuchar a su hijo tocar el piano, tomarse un té a las cinco de la tarde sin falta. Esa mujer tan dulce, con tantas ganas de vivir... se apagó. Y su enfermedad, la vejez propia y la soledad que la azotó después de perder a su alma gemela con la que compartió más de setenta años, le arrancó el alma. Ya no quiere beber, comer, ni siquiera quiere ir hasta su cocina y mirar por la ventana. A ella la quiero mucho, aunque no pueda verla porque no le gusta ya recibir visitas, a ella la aprecio porque es de las mujeres más inteligentes que conocí y que si me hubiera molestado en interesarme por ella desde más joven, a lo mejor me dolería mucho más que dentro de poco no pueda sorprenderme cuando está en la casa de mi abuelita y que me diga que se enorgullece de lo que hago, que siempre me escucha cuando estoy en la radio y que me siente con ella a comer las galletitas que compró en una pastelería junto esa casi adicción que compartimos: el café.

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Anoche, luego de haber estado todo el día en casa de mi abuela (estaba animada porque el médico nos había dado buenas noticias después de toda una semana de mala racha), me senté con mi mamá en el patio de nuestra casa y también nos acompañó mi papá. Después de hablar de las cosas que habían pasado en el día, toqué el tema que odio tocar: su madre. De un día para el otro, su salud había desmejorado considerablemente y mi madre (a pesar de que tiene dos hermanos) era la única que se estaba haciendo cargo de todo, sumado a que ella vive a 50 kilómetros de nosotros, resulta bastante complicado todo. Me contó que le hicieron oficial la internación domiciliaria, que estaba con suero, que ya no puede vivir sola y que sus hermanos decían "sentirse cansados" y que "necesitaban urgentemente enfermeros" pero a todos los postulantes les encuentran un defecto y que no estaban dispuestos a pagar un grupo de ellos.

Fue entonces cuando le dije a mi mamá: "entonces sos alienígena porque entonces, ¿cómo podés manejar a tu madre vos sola sin que te ayude ni papá, ni nosotros (sus seis hijos) ni nadie?". Ella me contestó que reconoce que hace lo que está en su mano, pero que no puede obligar a su madre a mudarse con nadie o mudarse a una casa más chica, puesto que ella está acostumbrada a su zona de confort y tampoco disfruta de la compañía de otras personas por lo que le tiene fobia a los desconocidos. Pero se tiene que despedir de sus días de estar sola, porque ya no puede depender de sí misma.

Quiero aclarar que nunca tuve una buena relación con ella, ni con el resto de los hermanos de mi madre y jamás voy a poder entender de dónde le nace la paciencia para aguantar los malos tratos de su familia, que se hagan las víctimas o que dejen a mi mamá como responsable de todo, cuando ella tiene sus propias preocupaciones. Esa cachetada de "tenés que hacerte cargo de los últimos días de tus padres" me está pesando pero no porque quiera a mi "abuela" (lo digo entre comillas porque yo no la considero así ni por casualidad) sino porque a mi madre le está quitando la felicidad y le está generando discusiones innecesarias con gente que no debería venir al caso.

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Todos estos hechos, todas estas situaciones aisladas se fueron compaginando adentro de mi mente, fueron haciendo en el silencio de los pasillos de la casa donde mis tíos vivieron su niñez y adolescencia, y ahora estoy escribiendo esto, en el cuarto que alguna vez fue de mi propio papá, donde tal vez alguna ocasión pensó lo mismo que yo en estos momentos. Tardé veinte años en darme cuenta de que mis recuerdos de la infancia no van a poder ser revividos, que mis tíos no van a poder volver a ser jóvenes para jugar conmigo, que mi padre ya no tiene la fuerza para alzarme y que mi madre ya no dispone de tanto tiempo para hacerme la comida casera con tanta frecuencia.

Sin embargo, esta cachetada de la realidad estaba enfrente mío todo el tiempo: cuando murió el papá de mi sobrino, cuando falleció mi tío abuelo, cuando falleció el papá de mi mamá, cuando mi papá no podía caminar y dependía de mi para todo. Lo que faltaba era que yo me parara de frente para recibir esos golpes de frente, para que cuando los momentos de despedirse para siempre lleguen, yo pueda ser fuerte. No por mí, sino por mi familia, porque lo mejor que puedo hacer es estar ahí para ellos cuando las cosas se compliquen.

En definitiva, tardé veinte años en darme cuenta que las personas no son para siempre, que no se quedan físicamente a nuestro lado para toda la vida, pero que siguen existiendo en tanto hayan dejado un conjunto de marcas que se convierten en la huella indeleble en el corazón y el recuerdo de la gente que te conocieron.

Gracias a estas cachetadas, estoy madurando, creciendo, aprendiendo, pero sobretodo estoy cambiando. Me faltaba también asimilar mi cambio. Y dentro de poco también se vienen otros que les resultarán más visibles.





¡Muy buenas a todos! ¿Cómo les va? ¿Cómo los trata el frío? ¿Ya comenzaron con los exámenes? En mi caso ya estoy preparando el primer trabajo práctico de mi taller, el primer parcial del año y también, aunque esta semana estoy sin clases, estuve a full entre eventos, trabajos y otras cositas más.
Como ven por el título, hoy toco un tema que es bastante charlado entre los estudiantes y que a ustedes les puede interesar si están estudiando (o van a estudiar) y están considerando comenzar a trabajar. LET'S GO.









ACLARACIÓN IMPORTANTE: las opiniones que les voy a estar compartiendo en este post va a ser desde mi experiencia personal tanto laboral como académicamente. Cada persona vive estas dos experiencias de distinto modo.


Si hay algo que nunca me esperé de este 2017 es que fuera a comenzar a trabajar y a ganar mi propia plata. Pero, la frutilla del postre, es que encontré un trabajo ejerciendo la profesión para la que estoy estudiando: periodismo.
Si pueden ver a la derecha del blog, escribo columnas semanales de interés general que se centran en actividades o historias de mi ciudad. Por suerte, es un trabajo que no es muy demandante y al que puedo adaptar mis horarios, mis tiempos y lo puedo flexibilizar como yo puedo y quiero.
La pregunta eterna de ¿puedo estudiar y trabajar al mismo tiempo? Es SÍ, SE PUEDE.

Principalmente se tiene que encontrar un equilibrio entre los estudios, el trabajo, la vida social y el descanso personal (obvio, sino te morís).
Siempre es necesario tener un sistema de organización y ver, en cada semana, una planificación para poder mantener las lecturas (o las tareas) de la facultad al día, que te alcance para estar desde el inicio hasta el final de las clases y también programar los horarios para poder llegar bien a un parcial o un final.

Además, te tienen que alcanzar los horarios para cumplir los deberes laborales, dependiendo de cuales sean éstos.

Por otra parte, muchos no toman en cuenta las horas de esparcimiento y ocio. Muchos no lo toman como algo fundamental, pero en serio es muy importante. Llega un momento donde podés llegar a colapsar y les juro (por todo lo que es bueno) que un pico de estrés es lo más feo que te puede pasar.

DESVENTAJAS.

  • Una de las mayores es que pierdo tiempo en estar con amigos, familia y, sobretodo, para estudiar y cumplir con mis deberes para todas mis clases. El tiempo que antes utilizaba para el blog o para organizar resúmenes y esas cosas, se me pierde en preparar notas, guiones, entrevistas y otras cosas más. 
  • Hay veces en las que me veo obligada a elegir entre mi trabajo y la facultad y a qué darle la prioridad. En mi caso, suelen ganar mis estudios y cada vez que tengo que renunciar a publicar una nota porque no me dan los tiempos, tengo la suerte de tener dos jefes muy flexibles que entienden que soy aún una estudiante.
  • También, sobran las ocasiones donde los números no me cierran al momento de dividir los horarios entre trabajo y facultad y llega un momento en que no me queda otra que sacar tiempo de mi propio horario personal para trabajar pero tengo la voluntad de intentar ser positiva y pensar que ya va a venir mi momento de descanso.



VENTAJAS.

  • No sólo tengo un trabajo: TENGO 2 y, en ambos como les venía diciendo, incluyen ejercer la profesión de periodismo y, en el lado positivo, encuentro muy interesante el hecho de poder aplicar las cosas que aprendo todos los días (y las que ya aprendí) en un texto periodístico, en un guión para radio, etcétera. 
  • Desde luego, también está la independencia económica de mis padres. Desde luego, todavía vivo con ellos y ellos siguen manteniéndome en ese sentido. Sin embargo, no les puedo explicar lo feliz que me siento de no tener que suponerles una carga extra con gastos nimios como pueden ser para cargar la tarjeta de colectivo, crédito, si necesito algo en específico, si quiero salir a comer con alguna amiga o ir al cine, por ejemplo. Además, tener para los gastos personales sirve mucho por si surge alguna urgencia. Por otra parte, también sirvo como ayuda a la familia, por si mis viejos alguna vez precisan ayuda en algún gasto. Me siento útil aportando a la familia, la verdad.
  • La experiencia. Por desgracia vivimos en una sociedad donde hay gente que pide 10 años de experiencia laboral a jóvenes que tienen 22 años y vos tipo... "CAPO, ME HABLÁS EN SERIO?". El currículum es tu carta de presentación sobre tus capacidades y tus experiencias pasadas y, el estar ante futuras posibilidades laborales de lo que estamos estudiando, es una suerte de la que hay que estar agradecido todos los días.
  • Algo que me brinda, tanto el trabajo en el diario como en la radio, es la posibilidad de conocer gente nueva. En todas mis notas he conocido a personas muy interesantes, muy amables y con una perspectiva del mundo que te hacen pensar que sí hay buenas personas en este mundo. Si hay algo en lo que me concentro (a la hora de escribir principalmente) es encontrar algo que demuestre y sea una evidencia de que el mundo puede cambiarse a base de buenas acciones y que las personas decentes no están extintas. Además, me hago nuevos amigos y aprendo sobre el mundo del periodismo actual por mi misma y formo mis propias perspectivas y eso es muy importante: tener una vista amplia y PROPIA sobre el campo laboral al que me estoy insertando.
  • Autosatisfacción es una de las palabras que más definen mis sensaciones respecto de mis dos trabajos. A ambos disfruto desarrollarlos y me encanta vivir en un mundo de medios y me encanta poder experimentar lo que va a ser mi vida en algunos años. Me llena muchísimo trabajar y hace que el esfuerzo valga la pena. No les puedo explicar lo que es ver tu nombre publicado en papel de diario y que la gente comente que les gusta lo que hacés o que, cuando llaman al programa donde trabajo, la gente ya diga que me reconoce la voz y me felicita por el esfuerzo. Y, como acaban de ver, las ventajas le ganan a las desventajas en gran medida.


En síntesis: SI. Se puede trabajar y estudiar al mismo tiempo y los primeros trabajos son los que te enseñan a madurar como persona y, en cierta medida, te ayudan a descubrir qué camino te gustaría tomar en un futuro, siendo éste trabajo relacionado o no con tus estudios. Sin embargo, las experiencias que se adquieren sumado con la madurez que brinda y las enseñanzas que aporta, hacen pensar al trabajo de cualquier índole como un logro y como una bendición, no como una carga. 


Bueno... ¡Esto fue todo! Espero que les haya gustado la entrada de hoy y se animen a decirme en los comentarios si trabajan y estudian, si estudian y pensaban trabajar o si ya están trabajando pero alguna vez vivieron la experiencia de trabajar y estudiar. Me encantaría saber sus opiniones y conocer las historias que tienen para contar, no sólo a mi, sino al resto de nosotros :)
Les agradezco por estar una vez más del otro lado con la mejor de las ondas y espero verlos de nuevo muy pronto en un próximo post. 
¡Nos vemos!



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Sobre mí


Fedra. 20 años. 
Estudio Comunicación Social.
A veces se me da por escribir.

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Contacto: fedra.venturini@gmail.com

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