Siempre hay Palabras
Esta semana fue una muy dura para mi en el aspecto familiar. Lo fue en el sentido de que me dieron una tremenda cachetada de realidad que, supongo, todos recibimos tarde o temprano. Pero me fui dando cuenta, sobretodo en los últimos dos o tres años, que existen distintos tipos de "cachetadas de realidad".

En mi primer año de universidad recibí la cachetada de que nada iba a volver a ser como era; cuando intenté volver a querer a otra persona recibí la cachetada de que era la peor persona que me podía cruzar pero aparentaba ser lo contrario; cuando intenté dejar de querer a la persona que más amo recibí la cachetada de que no puedo dejar de amarle aunque lo intente con todas mis fuerzas.

Sin embargo, creo que la cachetada más fuerte que recibí hasta ahora fue la de esta semana: nadie está en este mundo para siempre.

***

Tuve la enorme suerte de poder disfrutar, a lo largo de toda mi vida, a la familia que me tocó. Me tocó un grande y ruidoso grupo de gente que forjó mi carácter, que cuando pienso en ella se me vienen a la mente los mejores recuerdos que iluminaron mi infancia. Pero esta semana tuve que ver al miembro de mi familia que más aprecio, mi abuelita, sufrir por dolor físico, por no poder comer lo que ella quisiera, llorar porque no tiene fuerzas para levantarse y necesita ayuda cuando es una persona que quiere hacer las cosas por sí misma.

Cada tanto recobraba su buen ánimo y humor que tanto la caracterizan y, si me siguen en mi cuenta de Twitter, pueden ver las cosas que llega a decir. Pero cuando ese dolor volvía, le daban ganas de directamente no hacer nada... y eso en ella es una mala señal. Me hizo dar cuenta que ella se está apagando de a poco que, dentro de quién sabe cuánto tiempo, yo no pueda estar ahí para tomar su mano mientras vemos la tele o verla decir "no me gusta" o que me escuche decirle "lela", "abu", "abue", "abuelita" o "Becha" y lo mismo con mi papá y todos sus hermanos que fueron el sostén más grande para ella, cuando se tuvo que quedar sola criándolos y sacó adelante todo ella sola. Ellos no saben cuándo va a ser la última vez que la puedan ver en esa casa en la que crecieron y que, cuando ella no esté, nada va a volver a ser lo mismo.

***

Por otro lado, está la hermana de mi abuela... esa mujer tan dulce que siempre huele a jazmines porque le encanta cortar sus flores para ponerlas en floreros, escuchar a su hijo tocar el piano, tomarse un té a las cinco de la tarde sin falta. Esa mujer tan dulce, con tantas ganas de vivir... se apagó. Y su enfermedad, la vejez propia y la soledad que la azotó después de perder a su alma gemela con la que compartió más de setenta años, le arrancó el alma. Ya no quiere beber, comer, ni siquiera quiere ir hasta su cocina y mirar por la ventana. A ella la quiero mucho, aunque no pueda verla porque no le gusta ya recibir visitas, a ella la aprecio porque es de las mujeres más inteligentes que conocí y que si me hubiera molestado en interesarme por ella desde más joven, a lo mejor me dolería mucho más que dentro de poco no pueda sorprenderme cuando está en la casa de mi abuelita y que me diga que se enorgullece de lo que hago, que siempre me escucha cuando estoy en la radio y que me siente con ella a comer las galletitas que compró en una pastelería junto esa casi adicción que compartimos: el café.

***

Anoche, luego de haber estado todo el día en casa de mi abuela (estaba animada porque el médico nos había dado buenas noticias después de toda una semana de mala racha), me senté con mi mamá en el patio de nuestra casa y también nos acompañó mi papá. Después de hablar de las cosas que habían pasado en el día, toqué el tema que odio tocar: su madre. De un día para el otro, su salud había desmejorado considerablemente y mi madre (a pesar de que tiene dos hermanos) era la única que se estaba haciendo cargo de todo, sumado a que ella vive a 50 kilómetros de nosotros, resulta bastante complicado todo. Me contó que le hicieron oficial la internación domiciliaria, que estaba con suero, que ya no puede vivir sola y que sus hermanos decían "sentirse cansados" y que "necesitaban urgentemente enfermeros" pero a todos los postulantes les encuentran un defecto y que no estaban dispuestos a pagar un grupo de ellos.

Fue entonces cuando le dije a mi mamá: "entonces sos alienígena porque entonces, ¿cómo podés manejar a tu madre vos sola sin que te ayude ni papá, ni nosotros (sus seis hijos) ni nadie?". Ella me contestó que reconoce que hace lo que está en su mano, pero que no puede obligar a su madre a mudarse con nadie o mudarse a una casa más chica, puesto que ella está acostumbrada a su zona de confort y tampoco disfruta de la compañía de otras personas por lo que le tiene fobia a los desconocidos. Pero se tiene que despedir de sus días de estar sola, porque ya no puede depender de sí misma.

Quiero aclarar que nunca tuve una buena relación con ella, ni con el resto de los hermanos de mi madre y jamás voy a poder entender de dónde le nace la paciencia para aguantar los malos tratos de su familia, que se hagan las víctimas o que dejen a mi mamá como responsable de todo, cuando ella tiene sus propias preocupaciones. Esa cachetada de "tenés que hacerte cargo de los últimos días de tus padres" me está pesando pero no porque quiera a mi "abuela" (lo digo entre comillas porque yo no la considero así ni por casualidad) sino porque a mi madre le está quitando la felicidad y le está generando discusiones innecesarias con gente que no debería venir al caso.

***

Todos estos hechos, todas estas situaciones aisladas se fueron compaginando adentro de mi mente, fueron haciendo en el silencio de los pasillos de la casa donde mis tíos vivieron su niñez y adolescencia, y ahora estoy escribiendo esto, en el cuarto que alguna vez fue de mi propio papá, donde tal vez alguna ocasión pensó lo mismo que yo en estos momentos. Tardé veinte años en darme cuenta de que mis recuerdos de la infancia no van a poder ser revividos, que mis tíos no van a poder volver a ser jóvenes para jugar conmigo, que mi padre ya no tiene la fuerza para alzarme y que mi madre ya no dispone de tanto tiempo para hacerme la comida casera con tanta frecuencia.

Sin embargo, esta cachetada de la realidad estaba enfrente mío todo el tiempo: cuando murió el papá de mi sobrino, cuando falleció mi tío abuelo, cuando falleció el papá de mi mamá, cuando mi papá no podía caminar y dependía de mi para todo. Lo que faltaba era que yo me parara de frente para recibir esos golpes de frente, para que cuando los momentos de despedirse para siempre lleguen, yo pueda ser fuerte. No por mí, sino por mi familia, porque lo mejor que puedo hacer es estar ahí para ellos cuando las cosas se compliquen.

En definitiva, tardé veinte años en darme cuenta que las personas no son para siempre, que no se quedan físicamente a nuestro lado para toda la vida, pero que siguen existiendo en tanto hayan dejado un conjunto de marcas que se convierten en la huella indeleble en el corazón y el recuerdo de la gente que te conocieron.

Gracias a estas cachetadas, estoy madurando, creciendo, aprendiendo, pero sobretodo estoy cambiando. Me faltaba también asimilar mi cambio. Y dentro de poco también se vienen otros que les resultarán más visibles.





¡Muy buen miércoles para todos! Espero que estén muy bien y que estén pasando muy bien esta última semanita del 2016. En mi caso, sigo sin caer que ya estamos por comenzar un nuevo año... ni siquiera caí que ya pasó Navidad (cumplí la promesa y comí mucho vitel toné).
Me mata cómo es que muchas personas (ojo, no todas) hacen sus propósitos con toda la onda pero, a la hora de hacer un balance, no se animan a decir a ciencia cierta qué cumplieron y qué no. Hoy me voy a animar a revelarles qué cosas cumplí y qué cosas no de mi año 2016. Como un plus, les voy a revelar cuáles son mis propósitos para este 2017. LET'S GO.



Propósitos 2016. 

#1 Ser más positiva.

  Este fue un propósito que pensaba no iba a cumplir ni por joda porque, aunque no lo parezca, soy bastante pesimista. Me costó en muchas ocasiones tratar de ver el vaso medio vacío en lugar de medio lleno. Siempre que pensaba que iba a perder las esperanzas o la paciencia, me tomaba un respiro y contaba hasta diez y comenzaba de nuevo. 
  Haberme propuesto pensar de forma más positiva y de tener mejores pensamientos fue de mucha ayuda porque no me esperaba recibir tantos golpes en mi vida personal que supe soportar y también tomar de mejor manera gracias a aprender a pensar de este modo. 


#2 Juntarme más con mis amigos.
  En un principio esto me lo propuse porque pensaba que, con el comienzo de una nueva etapa, los amigos que más quería y los vínculos que había formado se iban a ir a la puta pero, afortunadamente, esto no fue así. Mis amistades siguen siendo exactamente las mismas. Tengo la suerte de tener unos amigos de or  o, que confío para todo y que también les va de 10 en sus respectivos caminos. Obviamente a veces los extrañaba porque a muchos los veía todos los días pero eso me hizo apreciar cada momento en el que los podía ver. 


#3 Hacer ejercicio. 
  No les voy a mentir, pensaba que ir al gimnasio me iba a copar, sobretodo porque iba con una amiga, pero fue un fracaso x1000 porque habré ido unas 4 veces y no me gustó la experiencia. Les juro que prefiero ir con una amiga a dar 300 vueltas a un parque o a una plaza o salir a caminar o a lo mejor hacer bicicleta fija. Obviamente no puedo estar 24/7 haciendo ejercicio porque... nope. Pero lo que me reconforta saber es que no perdí parte de la resistencia que gané en los 4 años de Luján. Técnicamente podemos contar esto como un fail por la mitad. 


#4 Esforzarme en mi carrera. 
 Lo mismo que con lo de ser positiva, pensé que esto no lo iba a cumplir ni por joda porque no sabía qué esperarme en este nuevo ambiente y este nuevo campo en el que me introducía pero, para mi sorpresa, me terminé encariñando con la carrera y con la gente que me trajo esta nueva etapa. No perdí mi toque ni mi autoexigencia (creo que esa virtud/defecto que tengo va a ir aumentando exponencialmente conforme avance) y, como ya he dicho, mi familia y toda la gente que me quiere puso y pone mucha fe en que lo puedo lograr y hoy, un año después de haber escrito este propósito, tengo fe yo también en que sí puedo. 


#5 Animarme a hacer videos. 
  Esto fue un FAIL con todas las letras. Simplemente no me pude animar y llegué a la conclusión que, de momento, me siento muy cómoda y a gusto con el blog aunque no descarto en un futuro medio lejano dar ese salto. 


#6 Ser menos nerviosa. 
Otro FAIL en mayúsculas más. Creo que los nervios que tengo ya son parte de mi y, por más que intente, no se van a disminuir pero aprendí un poco a controlarlos y controlarme yo misma. 


#7 Ser menos celosa.
 Algo que no me esperaba del 2016 fueron los golpes que me iban a dar. Uno en particular que no me esperaba que me hizo mierda en serio pero, para mi sorpresa, no soy celosa. Ya no lo soy. Creo que, de a poquito, fui aprendiendo a controlarme en lo que digo o hago o pienso. Aprendí a confiar y también, como un bonus, aprendí a dejar de idealizar tanto y ver a la gente como realmente es. 


#8 Ser más atenta. 
  Me alegra poder decir que cumplí con este propósito. Trabajé mucho en ponerme en el lugar del otro, ser más comprensiva. Tratar de entender las situaciones y, ya sea como amiga o como familiar o como lo que sea, además intentar estar ahí incondicionalmente por una cuestión de afecto y de principios. 



Bueno, esto fue más o menos el balance que pude hacer con mis propósitos, ahora vamos a ver qué cosas me propongo para el año que viene.  LET'S GO. 



Propósitos 2017. 

#1 Sacar las materias de segundo año. 
  Ahora que me puse a prueba en este 2016, quiero probar (sobretodo a mi misma) que puedo ser capaz con segundo año, con tercero y con todo lo que me proponga. 


#2 Dejar de quejarme tanto por las cosas.
  Si me siguen en twitter, habrán podido ver que me quejé hasta la saciedad con muchísimas cosas. Y me mató la negatividad que transmití en muchas ocasiones en menos de 140 caracteres. Quiero dejar ese mal hábito de quejarme para ver las cosas lindas de la vida.


#3 Aprender más a la hora de cocinar. 
  Este año descubrí que soy capaz de hacer mucho más que un simple arroz blanco. Aprendí a cocinar muchas cosas y, el año que viene, quiero cocinar variado: probar nuevas recetas, nuevos sabores y compartirlo con la gente que quiero.


#4 Controlar mi mal genio.
  En muchas ocasiones de este año, no supe controlar el genio que tengo y literal terminé mandando a la mierda a mucha gente por una simple rabieta que suelo tener y creo que es hora de calmar las aguas y saber tranquilizarme, contar hasta diez y comenzar desde el principio porque un día de estos no me voy a medir y voy a salir en crónica algo tipo "mató a su hermano porque no quiso poner la mesa". 


#5 Mantener mis amistades. 
  Esto no sólo aplica a mis amistades de la escuela, aplica a las nuevas que formé este año que son personas maravillosas, que espero que en el transcurso universitario que esté recorriendo pueda mantenerlos y seguir tomando mate en clase o yéndonos de aventura por el centro de Paraná.



#6 Ser feliz. 
  Obviamente no se puede ser una fiesta de cumpleaños todos los días de todo el año, pero intentar ser feliz. Buscar momentos chiquitos donde puedo estar contenta con todo el mundo. Ser feliz conmigo misma, con mis amigos, con mi familia, con mis estudios, con mi trabajo y con el blog. Hacer lo que me llene y me de gusto hacer. Y creo que lo que debemos buscar los humanos en cada año son los momentos de felicidad donde ahí entendemos qué es estar vivo.


Bueno... ¡¡Esto fue todo!! Espero que les haya gustado estos propósitos y la revisión. Quiero que me cuenten en los comentarios sus propósitos, los del año que viene, su propio balance o lo que más quieran para este 2017. 
Por supuesto, les agradezco una vez más por estar del otro lado de la pantalla y, el sábado, ya nos vamos a encontrar con la última entrada del año y la frutilla del postre. 



Últimamente el contenido que estaba pensando para el blog eran varias entradas que iban más allá del objetivo de entretener o informar, más personales del estilo de reflexiones, cuyas temáticas iban surgiendo en mi mente a partir de experiencias que bien me pasaran a mi, a algún conocido o simplemente algo que me pareciera curioso o me hiciese ruido.
Dicen que uno no es plenamente consciente de las cosas que pasan en la sociedad hasta que, de repente, le pasan a uno o a alguien cercano y desde hace algún tiempo pude notar que, en Argentina, se juega mucho en los medios de comunicación masivos (desde los tradicionales como la televisión o la radio hasta las redes sociales)  tratando cada uno a su manera la cuestión de la inseguridad. Pero, ¿qué clase de inseguridad? Pensemos por un minuto en qué es la inseguridad. El diccionario lo define como la sensación de estar expuesto a cualquier daño, riesgo o peligro. Sin embargo, existen diferentes tipos de inseguridad y la que yo quiero tratar de conversarles es la inseguridad social o ciudadana, el que vivimos cuando vamos por la calle y tenemos miedo de que alguien nos asalte y nos robe.
Ahora bien, ¿nunca te paraste a pensar en cuántas veces al día te sentís vos de ese modo? O ¿no llegase a pensar en cuántas veces en una edición de noticiero del mediodía mencionaron por lo menos uno o dos hechos de inseguridad ocurridos en tu provincia, ciudad, pueblo o incluso tu barrio?
En los barrios ya se conversa y se hacen circular numerosas experiencias de inseguridad, de actitudes sospechosas, de asaltos, amenazas que suceden a dos cuadras, en la esquina de tu casa o incluso en la vereda de enfrente. En varios lugares ya no se camina por ciertos lugares de noche, no se puede sacar el celular ni siquiera para ver la hora sin mirar varias veces a nuestro alrededor, no podemos salir sin esconder nuestras pertenencias, se llega incluso a armarse con algún elemento en caso de tener que defenderse. Sin darnos cuenta nos volvimos paranóicos a tal punto de desconfiar de casi todo el mundo, por no decir de todo el mundo y muchos nos llegamos a sentir inseguros en nuestro propio hogar. Y eso se demuestra con candados, cerraduras, alarmas, rejas, llamado automático al 911, botones de pánico, etcétera.

Remontate por un momento unos 14 o 15 años atrás o sino preguntale a tus papás o incluso a tus abuelos o tíos o hermanos mayores; ¿Tu casa solía no tener rejas? ¿O alarmas? ¿Podían dejar la puerta del frente todo el día sin llave? ¿Tus papás te dejaban jugar en la calle desde la siesta a la noche? ¿Dejabas tu bici o alguno de tus juguetes en el patio por la noche y al día siguiente seguían en el mismo lugar donde los dejaste?

¿Cómo es que pasamos de eso... a esto que vivimos hoy?

Y me pregunto, ¿a dónde se supone que está la gente que debería velar por nuestra SEGURIDAD? ¿Dónde se supone que encontramos a aquellos que juran en un acto solemnemente que van a proteger a su gente, creando un mundo más justo donde las leyes se hagan valer y cumplir? Y entre más lo pienso, la única respuesta que tengo es que eso ya no existe o a lo sumo está en riesgo de extinguirse porque no podemos confiar ni en un policía, o un abogado o un juez. Pero quiero creer que la gente buena sigue existiendo porque llegan milagrosos momentos donde soy testigo de que esa gente sigue existiendo. Que la que tiene la capacidad de protegernos y de generar un cambio positivo puede realizar ese cambio.
Pero un policía o un abogado, por más buena voluntad o disposición que tuvieran, no pueden hacer un cambio que se note a largo plazo si están solos y tampoco pueden cuidar a todo el mundo ellos solos. Así no se hacen las cosas y esa gente que promete y no cumple su deber para con el pueblo está bien consciente de ello y sigo sin explicarme cómo es que pueden dormir por las noches sabiendo que muere un hombre o una mujer sólo por un celular, una cartera o una billetera con unos cuantos pesos para ayudar a la familia. Llegué a la conclusión de que ellos también lo sienten. Sienten el mismo miedo saliendo a la calle, aún saliendo acompañados con todos los custodios del mundo con aires de grandeza porque saben; saben que la gente tiene conocimiento de todas las cosas terribles que ellos hacen por algo tan superficial como la plata. Pero, al fin y al cabo, ¿de qué sirve la plata cuando estas situaciones te quitan de cuajo a un ser querido? 

"Son cosas que pasan todos los días" es lo que escucho bastante y no. Esto NO debería pasar. En un país donde supuestamente hay trabajo, educación y una mínima conciencia ética y moral no pasa esto. Pero está pasando justo frente nuestro y por más que pensemos todos los días que las cosas van a estar bien, no se van a arreglar sólo con pensamientos y menos actuando con violencia, ira o enojo. A la inseguridad la contrarrestamos con seguridad; y a la seguridad la debería de ejercer la gente que promete y cumple cuidarnos porque es su trabajo y vocación. Tenemos que aprender a tener fe, a educar sin prejuicios porque, si no lo vamos a solucionar ahora, no lo vamos a poder solucionar nunca.

Gracias al que se tomó el tiempo de leer esto y espero que le haya hecho reflexionar o, por lo menos, hacerte entrar un poco en consciencia.
Entradas antiguas Página Principal

Sobre mí


Fedra. 20 años. 
Estudio Comunicación Social.
A veces se me da por escribir.

¡Deja que tu sonrisa cambie el mundo!

Contacto: fedra.venturini@gmail.com

¡Unite a la familia!

¡Seguí en contacto!







Podés ser parte de...

Podés ser parte de...
  • Facebook
  • Twitter
  • Google+
  • Instagram

Created by OddThemes & Distributed By MyBloggerThemes