Siempre hay Palabras
El día de hoy, 30 de Diciembre de 2015, me encuentro realizando la última entrada de este año. Qué fuerte, ¿no? comencé y terminé muchas cosas este año y me gustaría repasar este año y también hacer una que otra reflexión junto con ustedes, además de que esto forma parte de la iniciativa "Bloggeros Filosóficos" y me parece que unir el fin de año con las reflexiones está bueno así que, sin más dilaciones... LET'S GO.

Este año comencé con la mente en el último año de la secundaria, teniendo el honor de ser el cuarto mejor promedio de mi generación y tenía la firme intención de seguir probando que merecía estar a las alturas de ser una buena estudiante. Pero me lo tomé con calma, no todo en la vida es demostrar que somos los mejores. Me esforcé y tuve buenísimos resultados. Terminé como la tercera mejor de mi clase y con honores en Ciencias Exactas, Lengua y Comunicación.
También me especialicé en Ingles de Turismo Internacional... siendo sincera con ustedes no creo haberme especializado en algo que me gustara y eso que me saqué unas notas bastante buenas. No me sentía feliz en Turismo, no tomé una buena decisión al respecto, pero no me arrepiento de haber conocido a las personas que conocí ni de tener a los compañeros que tuve. Fueron personas excelentes e hicieron que aquellas extensas horas ahí adentro de esas aulas, valieran la pena y les estoy muy agradecida.
2015 también significó sacarme de encima todo lo que me hacía mal: sacar de mi vida a aquellas personas que no me hacían bien y tomé una buena decisión, porque ahora los amigos que tengo a mi alrededor son de los de verdad. Son parte de mi familia y de mi corazón. Aprendí a que no me pasaran por encima ni mis compañeros, ni personas de otros cursos y menos que menos, los profesores. Aprendí a ya no tener miedo de preguntar, de no entender, porque soy humana, puedo equivocarme y equivocarse es de los mejores aciertos que las personas pueden hacer en sus vidas sino, ¿cómo aprenderíamos a hacer las cosas bien? 
Salí de esta etapa que terminé abriéndome un poco más a personas que ahora son como mis hermanos, me dejé conocer y conocí a su vez a gente maravillosa que fue dulce, buena y sincera conmigo. y también dejé un poco la seriedad de un lado. Me puse a bailar antes de los actos, cantaba mientras hacía favores a mis preceptores cuando me pasaba por ahí, Una vez alguien me dijo que la vida es muy corta para preocuparte lo que alguien desconocido pueda llegar a decir de vos.
Mi familia fue fundamental en el proceso de mi crecimiento y no sólo hablo de mis hermanos o mis padres, sino de mis tíos, mis primos y en especial de mi abuela: ella era quien me decía que no me dejara presionar en este tiempo tan difícil, que bajara la velocidad y viera el paisaje que me rodeara, que observara qué tan generosa puede ser la vida conmigo y ahora aprendí a bajar el velocímetro y puedo verdaderamente aprovechar los pequeños placeres de la vida: tomar un té de mañana temprano, desayunar con mi papá viendo "los tres chiflados", cantar en el auto con mis papás antes de ir a la escuela, lavar los platos mientras hablo con mis hermanas, tener a mis amigas para hablar de cualquier cosa, ver a mi mejor amiga para tomar mates, caminar con mi mejor amigo en silencio y aprovechando de la tarde. Todo eso me hace feliz.

Con respecto al blog, el 2015 fue un año de avances impresionantes: llegamos a los 100 seguidores, cambié el estilo visual del blog a un estilo más sencillo, pero más profesional, aprendí el valor de revisar dos veces una entrada, de ser más detallista con ellas. También aprendí la importancia de las ideas y de la inspiración a la hora de escribir y de pensar las entradas para traerles a ustedes.
Tuve también el placer enorme de conocer en persona a Javier del Ponte, que estuvo en los primeros meses de vida del blog, impulsándolo, dando ánimos y siempre dando un panorama positivo que nunca me desalentó y le agradezco enormemente por eso. 
También conocí a Luz Valls, a quien admiro por su blog, su manera de ver a la literatura, su gran carisma y su gran manejo de las palabras a la hora de traernos una gran reseña y estoy orgullosa de ahora poder llamarla amiga. También a Anto Villanueva y Anto Martini, dos personas sumamente cariñosas, simpáticas, generosas que se ganaron un lugarcito en mi corazón con sus palabras. 
A todos los autores que conozco desde el año pasado o desde este año (María Victoria Camerano, Cristian Berardo, Vanina Rodríguez, Agostina Ortega, Lucas Patuel, Ariel Edelstein, Nico Manzur) también mi agradecimiento eterno por toda la ayuda y todo su apoyo desde la distancia, acompañando en los pasos del blog con lindos comentarios y también con consejos que siempre vienen bien y ayudan a crecer, a todos ellos, que participaron desde el principio, ¡gracias infinitas!
Finalmente, como siempre, a ustedes. A los que somos ahora 155 personas. Nunca, desde que comencé el blog, pude llegar a imaginarme que me iba a expander de este modo y no me va a alcanzar la vida para demostrarles lo agradecida que estoy. A esta altura sé que no estoy en la cima de nada, estoy en este momento escalando una montaña que me está llevando a lo más alto del cielo y va a ser el esfuerzo más grandioso que podría llegar a hacer en mi vida. Se me vienen muchas cosas a partir de este 2016 y va a ser un privilegio comenzar nuevos proyectos y nuevas experiencias junto a Siempre hay Palabras, que hoy no sólo estrena un nuevo diseño, sino que también estrena un nuevo año para comenzar con todas las ganas. Espero que podamos seguir juntos y que puedan tener un próspero y feliz 2016. No dejen que nadie les diga que no pueden cumplir sus propósitos o sus sueños, no dejen de ser quiénes son para complacer al otro. Vivan plenamente, rían, amen, bailen, actúen y sobretodo, háganlo del modo más feliz. Porque la vida es, al fin y al cabo, una búsqueda de la felicidad que todos encontramos alguna vez.
Nos vemos, muy pronto, el año que viene :)


El día de hoy es especial. Más que nada porque hay una luna preciosa y, sin duda alguna, va a iluminar toda esta noche. Pero no sólo por eso es especial: hoy termino mis estudios secundarios.
Siempre me imaginé cómo iba a ser la culminación de mis estudios. Estuve 12 años estudiando, viendo crecer a las mismas personas, adquiriendo conocimientos que iban más allá de las carpetas.
La secundaria no es un cielo, nunca lo es. Pero cuando llega a acercarse un poco... no nos damos cuenta. Las mejores cosas pasan cuando no nos estamos dando cuenta. Pero las disfrutamos y así hacemos que valgan la pena vivir todos los días. La secundaria es ese lugar donde por lo menos pude comenzar a perderme en un camino, me embarré de lágrimas y pataleos por un chico que no me hizo caso y también de arrepentimiento por alguna equivocación... pero después, con el tiempo, me di cuenta que las equivocaciones te abren los ojos a una lección y, si no aprendiste a la primera, el destino se encarga de que te vuelva a pasar para que aprendas.
En la secundaria aprendí qué tanto quiero a los que tengo cerca: a mi familia, a mis amigas, a mis amigos, a cierta persona especial. Pude abrirme a gente que nunca pensé que sería tan cercana a mi corazón. Aprendí cómo la vida cambia en menos de dos minutos y con un whatsapp en medio de un cumpleaños y también cómo un mensaje tan simple como un "felicitaciones" o un "mandá al carajo a todos y hacé lo que vos querés" te puede dar una sonrisa tan grande. Las personas que nos deja la vida son regalos, aunque no se crucen con nosotros para hacernos felices. De todo se aprende y de todos se aprende. Hay un momento en la existencia de cada uno que nos preguntamos si la vida tiene algo más que enseñarnos y, en el momento menos esperado, aparecen dudas tan profundas que nos hacen llorar sin motivo, nos hacen reflexionar, nos hacen conmovernos con nuestra sola existencia.
Ahora... llega el final; el telón de una obra de la cual me encantó ser espectadora y co-autora, porque no la escribí yo sola, está por caerse para después levantarse y comenzar una nueva propuesta.
Llego a la conclusión de que tenemos que, a veces, darnos un día para decirle a esas personas que hacen nuestra vida luminosa lo que significan para nosotros: una tarde para dedicarle una carta, una canción, un "te quiero", un detallito que puede ser tan simple como un caramelo, una sonrisa, un consejo o un abrazo porque después, en un futuro, las posibilidades de hacer estas cosas pueden ser limitadas o casi nulas.
Algo, también fundamental, aprendan a quererse, a hacerse respetar, pero no de una manera agresiva. Sean firmes con los desafíos que les de la vida, no tengan miedo de decir lo que sienten, no se culpen por consentirse de vez en cuando y, lo más importante, que no les importa lo que otros digan, aunque a veces eso puede ser medio difícil.

En la secundaria se aprende todo esto y no te das cuenta que lo aprendiste, hasta que ves ese edificio que te educó, te formó y te acogió todos estos años, con unos ojos diferentes: con ternura, con melancolía o tal vez con unas lágrimas.
Estos años fueron los mejores, aunque se hayan cruzados algunas piedras... no podría haber disfrutado más de esta experiencia.



Hace un minuto y medio o más, acabo de inscribir mi pre-inscripción online para la facultad... y me siento rara, sin mentirles.
¿Cómo es que pasé desde el principio de año preguntándome si iba a terminar con 40 años y aún iba a seguir teniendo problemas vocacionales a esta instancia en que ya tengo medianamente decidido el futuro?
Esta es una decisión importante, sea errada o acertada y acabo de darme cuenta de la magnitud que tiene todo esto. Di un paso en falso a un futuro que es absolutamente incierto, del que no sé qué esperar.
Me di cuenta en los meses de terminar el secundario que era fácil porque me daban la ventaja de no tener que tomar decisiones: no enrollarme la cabeza con qué ropa usar, cómo peinarme, a qué hora entrar, salir, qué materias tomar... todo está arreglado y el único trabajo que tenés que hacer es acomodarte al horario, ir a clases toda la mañana, a lo mejor quedarte a comer para educación física, estudiar, hacer las tareas, rendir tus exámenes y problema resuelto.
En la secundaria hay una contención y una familia que en la facultad creo que no se siente, aunque no sé si pienso esto porque no experimenté esta etapa que ya va a venir. En la secundaria me siento protegida, donde mi único problema de verdad es "uy, me olvidé la calculadora para el exámen de matemática del tercer módulo", "ojalá falte la profesora de química", entre otras cosas. Dentro de esas cuatro paredes, están mis personas favoritas: los preceptores que son como amigos, los profesores que te matan de la risa, mis amigos que son la salvación de las mañanas aburridas y esas aventuras que después hacen inolvidables a la adolescencia.
Ahora, ¿a qué le tengo miedo? Ese mundo idílico se me derrumba al tener al futuro cada vez más cerca. Y si, tengo miedo a algo desconocido, o a lo mejor a muchas cosas juntas: ¿y si no me gusta la carrera? ¿Y si no soy tan buena como pensé que iba a ser en esta carrera? ¿Qué va a pasar con la amistad y la relación tan cercana que formé con todas aquellas personas?
Nunca pensé que mi vida iba a llegar a este punto. Antes, cuando empecé la secundaria, estaba desesperada por recibirme, quería que todo pasara volando... y se está pasando volando. Es muy difícil despedirme de todo lo que conozco y de la vida a la que me acostumbré a tener.
Va a ser raro al principio no tener que pensar en la remera de mi tribu del año que viene, o en qué deportes voy a estar o qué voy a tener que estudiar para la competencia cultural... En el fondo, no me daba cuenta que hacer todo esto me llenaba muchísimo. Y sé que lo voy a vivir, pero no del mismo modo que siendo una alumna como lo soy ahora.
En una película alguien dijo "esto es lo más jóvenes que vamos a ser ahora". Y ahora entiendo el por qué lo decía.
Muchos esperan toda la secundaria sólo para terminar y seguir lo que les gusta porque la secundaria era el infierno sobre la Tierra (no tan exagerado, pero estaba cerca) y los entiendo porque pasé la situación de ir a un secundario donde me sentía miserable y lloraba todas las mañanas porque tenía que ir a ese lugar. Pero al cambiarme, supe que iba a quedarme, pero no me di cuenta que me encariñé y ahora no sé si va a ser bueno o malo a la hora de despedirme. Pero fue lo mejor que pude hacer: me abrí, conocí gente nueva, viví experiencias nuevas, expandí mi mente y supe vivir la etapa a mi modo y acompañada de la mejor gente que pude tener. Obviamente, tuve momentos malos en los que quería tirar todo, pero terminé aprendiendo de todo con las experiencias malas.
En conclusión... ¿a qué le tengo miedo? ¿A lo desconocido? ¿A algo nuevo?... Creo que eso es algo que voy a tener que ver cuando comience esta etapa nueva.


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Sobre mí


Fedra. 20 años. 
Estudio Comunicación Social.
A veces se me da por escribir.

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Contacto: fedra.venturini@gmail.com

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